SANTO DOMINGO.– Al cumplirse este 24 de julio el primer mes del devastador doble terremoto que sacudió a Venezuela, el país continúa enfrentando las profundas secuelas humanas, económicas y sociales dejadas por una de las catástrofes naturales más graves registradas en su historia reciente.
Las ciudades de Caracas y La Guaira fueron las más afectadas por los movimientos telúricos ocurridos el pasado 24 de junio, que provocaron el colapso de viviendas, edificios e infraestructuras, además de una emergencia humanitaria que aún mantiene movilizadas a las autoridades y organismos internacionales.
De acuerdo con los informes oficiales, los dos terremotos ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia. El primero alcanzó una magnitud de 7.2 y el segundo de 7.5, ambos asociados a la falla de San Sebastián, ubicada en la costa norte venezolana.
Especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) indicaron que los sismos fueron producto de un deslizamiento entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica, convirtiéndose en uno de los eventos sísmicos más intensos registrados en Venezuela en más de un siglo.
Estudios realizados por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) determinaron que la fractura geológica acumuló tensión durante un largo período antes de liberarse, provocando un desplazamiento de hasta 60 centímetros en la superficie terrestre.
Las imágenes captadas por el satélite NISAR permitieron identificar que la ruptura se extendió desde la localidad de Morón, atravesó parte del litoral venezolano y volvió a emerger cerca del Aeropuerto Internacional de Caracas, reflejando la magnitud del fenómeno geológico.
Las labores de búsqueda y rescate se prolongaron durante varios días entre enormes montañas de escombros. El último sobreviviente localizado con vida fue Hernán Gil, un vigilante que permaneció atrapado durante ocho días antes de ser rescatado el 2 de julio.
Mientras continúan las labores de identificación de víctimas, las autoridades venezolanas también han debido enfrentar la circulación de informaciones falsas en redes sociales relacionadas con supuestos rescates que posteriormente fueron desmentidos oficialmente.
El balance más reciente ofrecido por las autoridades venezolanas sitúa la cifra de fallecidos en 5,398 personas, mientras que el número de heridos asciende a 16,740, reflejando el enorme impacto humano que dejó la tragedia.
El Gobierno mantiene además un proceso de identificación de víctimas mediante pruebas de ADN para reconocer decenas de cuerpos que permanecen sin identificar en la morgue habilitada en el puerto de La Guaira, especialmente de niños y adolescentes desaparecidos.
En el plano económico, el Banco Mundial estimó que los daños materiales provocados por los terremotos ascienden a aproximadamente 19,600 millones de dólares, advirtiendo que una reconstrucción lenta podría afectar el crecimiento económico del país durante los próximos años.
Según las evaluaciones preliminares, cerca del 47 % de las pérdidas corresponde a viviendas destruidas o seriamente afectadas, mientras que la infraestructura pública y los edificios no residenciales representan el resto de los daños registrados tras el desastre.
Por su parte, UNICEF informó que trabaja para asistir a unas 470,000 personas, entre ellas 169,000 niños, mediante programas de salud, nutrición, agua potable, saneamiento, educación y protección infantil. El organismo estima que serán necesarios 65.7 millones de dólares para responder adecuadamente a la emergencia humanitaria en los próximos meses.
A un mes del doble terremoto, Venezuela continúa enfrentando el enorme desafío de reconstruir ciudades, restablecer servicios esenciales y acompañar a miles de familias que aún intentan recuperarse de una tragedia que dejó profundas cicatrices en el país y que permanecerá como uno de los episodios más dolorosos de su historia reciente.

