La designación del senador por Santiago, Daniel Rivera, como vocero político del proyecto encabezado por la vicepresidenta Raquel Peña constituye una señal clara de que comienza una nueva etapa dentro del escenario interno del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
La decisión anunciada el pasado martes 29 de septiembre no parece improvisada. Rivera reúne experiencia política, reconocimiento profesional y capacidad de concertación, cualidades que podrían convertirlo en una pieza importante para organizar, comunicar y ampliar el alcance nacional de este proyecto.
Su paso por el Ministerio de Salud Pública, especialmente durante el complejo período marcado por la pandemia, le permitió construir una imagen de funcionario con experiencia administrativa. A esto se suma su actual posición como senador de Santiago, una de las plazas electorales de mayor peso en la República Dominicana.
Escogerlo para asumir la vocería política envía un mensaje tanto hacia el interior del PRM como a los sectores que observan el desarrollo de las aspiraciones presidenciales rumbo a 2028.
Durante meses, algunos dirigentes y grupos políticos interpretaron la prudencia de Raquel Peña como una señal de inactividad o un posible retiro de la competencia interna. Sin embargo, su comportamiento también podía entenderse como una decisión de respetar los tiempos electorales, preservar la institucionalidad y mantener la necesaria armonía con el presidente Luis Abinader.
El nombramiento de Rivera despeja buena parte de esas especulaciones. La vicepresidenta no estaba necesariamente ausente del panorama político; posiblemente aguardaba el momento que consideraba apropiado para comenzar a organizar su estructura.
Esta decisión contradice las versiones promovidas por sectores que intentaron presentar como definitivo un retiro que nunca fue anunciado por Peña.
Aunque algunos equipos iniciaron temprano sus recorridos y actividades proselitistas, todavía queda un largo camino hasta octubre de 2027, período en el que deberá definirse con mayor claridad el panorama interno del oficialismo.
En política, comenzar primero no garantiza llegar en mejores condiciones. Las estructuras anunciadas con anticipación tendrán que demostrar si su fortaleza es auténtica, si poseen respaldo territorial y si pueden mantener su crecimiento durante los próximos meses.
Raquel Peña entra en esta etapa con ventajas importantes: ocupa la Vicepresidencia de la República, conserva una valoración vinculada a su labor institucional y cuenta con la posibilidad de articular sectores políticos, empresariales, profesionales y comunitarios.
Su principal desafío será transformar esa imagen institucional en una verdadera maquinaria electoral. Para conseguirlo tendrá que recorrer el país, escuchar a la dirigencia y a las bases del PRM, construir equipos territoriales y presentar una propuesta capaz de conectar con las necesidades de la población.
La vocería asumida por Daniel Rivera no deberá limitarse a ofrecer declaraciones o responder cuestionamientos. Su responsabilidad incluirá proyectar el mensaje político del equipo, sumar voluntades y defender la legitimidad de las aspiraciones de la vicepresidenta dentro del PRM.
Rivera también tendrá que contribuir a evitar confrontaciones innecesarias y desarrollar una estrategia que diferencie a Peña sin provocar rupturas dentro de la organización oficialista.
Su experiencia, formación y peso electoral en Santiago podrían ayudar a fortalecer el proyecto, pero el éxito dependerá de la capacidad del equipo para convertir el respaldo institucional en apoyo político comprobable.
La vicepresidenta ha realizado un movimiento oportuno que despeja dudas y redefine su posición dentro de la carrera oficialista. Ahora corresponde observar cómo se organiza su estructura y cuál será la respuesta de las bases del PRM.
La competencia interna apenas empieza. Raquel Peña ha movido una de sus primeras fichas y, con Daniel Rivera como vocero político, deja claro que está dispuesta a ocupar un espacio relevante en la discusión sobre el futuro presidencial del país.


