La comunicación institucional debe sostenerse sobre tres pilares fundamentales: verdad, transparencia y respeto a la ciudadanía. Cuando una entidad responsable de garantizar el orden público emite una versión que, según los hechos denunciados, contradice lo ocurrido, no contribuye al esclarecimiento; por el contrario, genera mayores dudas y profundiza la desconfianza.
Rechazo categóricamente que el episodio de violencia que denuncié sea presentado como una supuesta colaboración policial. No recibí una colaboración: denuncié una agresión. Son situaciones completamente diferentes y ninguna narrativa institucional puede transformar el sentido de los hechos que afirmo haber vivido.
Mi denuncia debe ser investigada con seriedad e imparcialidad. Las autoridades tienen la responsabilidad de examinar las evidencias disponibles, escuchar los testimonios, reconstruir lo ocurrido y determinar responsabilidades conforme al debido proceso.
Lo verdaderamente preocupante es que, en lugar de priorizar el esclarecimiento del caso y establecer una comunicación respetuosa con la persona denunciante, se haya difundido una versión que considero incompatible con mi relato.
Una oficina de relaciones públicas no puede convertirse en un instrumento para acomodar los acontecimientos a la conveniencia institucional. Su función debe ser informar con responsabilidad, sin anticiparse a las investigaciones ni presentar como definitiva una versión que todavía se encuentra bajo cuestionamiento.
Si existen diferencias entre el relato policial y la denuncia presentada, lo correcto es contrastar las pruebas y ofrecer respuestas claras. Una nota de prensa no puede utilizarse para cerrar unilateralmente un debate que apenas comienza ni para desnaturalizar el reclamo de un ciudadano.
Las relaciones públicas no se construyen con mentiras, mediocridad ni bajeza; se construyen con credibilidad. Ninguna institución pierde autoridad por reconocer que una denuncia debe ser investigada. Al contrario, demuestra madurez, fortaleza y respeto por el Estado de derecho cuando permite que las evidencias hablen.
Como periodista, no estoy solicitando privilegios ni un trato especial. Reclamo el mismo respeto, las mismas garantías y la misma consideración que merece cualquier ciudadano que acude ante las autoridades para denunciar un hecho.
Tampoco pretendo que nadie sea condenado sin una investigación previa. Lo que no aceptaré es que mi denuncia sea modificada mediante una versión institucional que, desde mi perspectiva, no refleja lo sucedido.
La credibilidad de las instituciones no se protege escondiendo las contradicciones, sino enfrentándolas con transparencia. La verdad no se impone mediante comunicados: se demuestra con hechos, pruebas y responsabilidad.

