Santo Domingo.- La presencia masiva de sargazo vuelve a encender las alarmas en República Dominicana, donde este fenómeno natural, que comenzó a impactar con fuerza desde 2011, continúa agravándose y generando preocupación por sus efectos en el medio ambiente, la salud y el turismo.
El sargazo, una alga parda flotante del Atlántico, se acumula en grandes cantidades en las costas, afectando la vida marina al reducir los niveles de oxígeno y la penetración de la luz en el agua, lo que provoca la muerte de peces, corales y otras especies.
Cuando llega a la orilla y se descompone, libera gases tóxicos que generan mal olor, irritación en la piel, dolores de cabeza y problemas respiratorios, impactando directamente a residentes y visitantes.
El Ministerio de Medio Ambiente advirtió que la situación ha alcanzado niveles críticos en el Caribe, con entre 70 y 80 millones de toneladas de sargazo flotando actualmente, duplicando las cifras del año anterior.
El viceministro de Recursos Costeros y Marinos, José Ramón Reyes, llamó a una acción coordinada entre el Estado, el sector privado y organismos internacionales para enfrentar esta problemática.
En respuesta, el presidente Luis Abinader emitió el Decreto 122-26 para fortalecer el Gabinete de Lucha contra el Sargazo, mientras que Japón donó equipos para apoyar las labores de recolección y manejo.
Sin embargo, los esfuerzos no han sido suficientes ante la magnitud del fenómeno, que ya afecta no solo el este y sur, sino también el norte del país, incluyendo zonas como Puerto Plata, Río San Juan y Las Terrenas.
El impacto económico también es significativo, ya que el sargazo deteriora la calidad de las playas, principal atractivo turístico del país, considerado uno de los destinos más visitados de la región.
Expertos señalan que, además de combatir el problema, el país podría convertirlo en una oportunidad mediante la economía circular, como ya hacen naciones desarrolladas que transforman el sargazo en fertilizantes, materiales industriales y otros productos.
La situación plantea un desafío urgente: enfrentar una crisis ambiental que no solo amenaza los ecosistemas, sino también una de las principales fuentes de ingresos de la nación.

