Un día como hoy, 25 de septiembre de 1963, fue derrocado el efímero Gobierno del profesor Juan Bosch, el primer presidente elegido democráticamente en la República Dominicana tras la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. El golpe de Estado, ejecutado por militares y respaldado por sectores conservadores, truncó un mandato que apenas duró siete meses.
Bosch había asumido la Presidencia el 27 de febrero de 1963, luego de obtener un triunfo contundente en las elecciones de diciembre de 1962 con más del 59% de los votos, derrotando al candidato de la Unión Cívica Nacional, Viriato Alberto Fiallo. Sin embargo, pese a su respaldo popular, su proyecto de democracia participativa y su Constitución progresista encontraron resistencia en poderosos sectores de la sociedad.
Conspiración de fuerzas conservadoras
Diversos factores confluyeron en el golpe. Los altos mandos militares, formados bajo la tiranía trujillista, nunca fueron removidos de sus posiciones. A ellos se unieron sectores económicos tradicionales y la jerarquía de la Iglesia católica, que acusaba al Gobierno de Bosch de “atentar contra la fe cristiana y las tradiciones del pueblo dominicano”.
Las denominadas “reafirmaciones cristianas” impulsadas por el clero fueron un factor clave en el clima de tensión política, ya que condenaban abiertamente la Constitución de 1963, la cual consagraba avances sociales como el reconocimiento de los hijos nacidos fuera del matrimonio.
Un experimento democrático truncado
El golpe, ocurrido al día siguiente de la festividad de las Mercedes y tras una huelga nacional del comercio, marcó el fin del primer intento democrático del país tras la era de Trujillo. El propio Bosch, intelectual y cuentista, terminó siendo víctima de un sistema que no estaba preparado para sostener su proyecto de apertura y reforma.
El derrocamiento de Bosch abrió paso a un período de inestabilidad política y represión, que desembocaría dos años más tarde en la Guerra de Abril de 1965, cuando amplios sectores del pueblo dominicano tomaron las armas en demanda del retorno a la constitucionalidad interrumpida.
Hoy, 62 años después, el episodio sigue siendo recordado como una de las páginas más dolorosas de la historia democrática dominicana.
