La violencia machista mantuvo un ritmo alarmante durante el último tramo de 2025, con 23 feminicidios registrados, lo que equivale a una mujer asesinada cada cinco días, mientras 31 mujeres más estuvieron al borde de la muerte como consecuencia de agresiones extremas, en hechos que reflejan la persistencia de un problema estructural.
Las informaciones recogidas a partir de notas policiales y reportes judiciales —que no siempre detallan el impacto colateral— permiten estimar que al menos 30 niños, niñas y adolescentes quedaron en condición de orfandad como resultado directa de los feminicidios. Esta cifra, aunque inferior a la del año anterior, no reduce la gravedad del fenómeno ni el impacto social que genera.
Si bien las estadísticas a la baja pueden considerarse alentadoras, especialistas advierten que las causas de este descenso no han sido suficientemente estudiadas, por lo que atribuirlo de manera automática a la efectividad de las políticas públicas contra la violencia de género resulta prematuro. Además, los datos oficiales no incluyen las tentativas de feminicidio, que desde el punto de vista social y humano tienen un peso similar, ya que la mayoría de las 31 víctimas de 2025 sobrevivieron por circunstancias fortuitas y hoy están vivas para contarlo.
Más allá de las cifras
Diversos análisis coinciden en que una política coherente contra la violencia de género requiere cambiar el enfoque oficial, incorporando un análisis multifactorial que permita evaluar, entre otros aspectos, si ha disminuido la tolerancia social a este tipo de violencia, por qué razones y en qué medida los cambios responden a políticas públicas orientadas a transformar patrones culturales profundamente arraigados.
Expertos alertan que quedarse únicamente en las estadísticas implica el riesgo de politizar los números y presentarlos como logros de gestión, perdiendo de vista el fondo del problema. Las víctimas —o la reducción circunstancial de su número— no deben convertirse en simples indicadores, sino en evidencia de un conflicto sociocultural vinculado a relaciones de poder que históricamente han subordinado a las mujeres.
El llamado es a profundizar en la prevención, la educación y la transformación cultural, entendiendo que cada cifra representa una vida truncada o marcada para siempre, así como familias y comunidades enteras afectadas por una violencia que sigue siendo una de las principales deudas sociales del país.
