WASHINGTON.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene abierta una última vía diplomática con Irán para evitar una ofensiva militar que podría alterar el equilibrio geopolítico en Medio Oriente. Sin embargo, la Casa Blanca ya tendría preparado un plan de intervención por etapas en caso de que las conversaciones no prosperen.
A solicitud del Sultanato de Omán, que actúa como mediador, el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner sostendrán una reunión en Ginebra con el canciller iraní Abbas Araqchi, en un intento por avanzar hacia un entendimiento. No obstante, fuentes cercanas a la administración estadounidense reconocen que las expectativas son limitadas.
Washington habría planteado cuatro condiciones principales para desactivar la posibilidad de una acción militar: reducir significativamente el programa nuclear iraní, suspender el desarrollo de misiles balísticos de largo alcance, cesar el apoyo a grupos armados como Hezbollah y los hutíes, y detener la represión contra sectores opositores dentro del país.
Según trascendió, el plan alternativo contempla una primera fase de ataques dirigidos contra instalaciones nucleares, fábricas de misiles y objetivos estratégicos vinculados a la Guardia Revolucionaria iraní. Esta ofensiva inicial funcionaría como advertencia para forzar una negociación en términos favorables a Estados Unidos.
En caso de no obtener resultados, el esquema incluiría una segunda etapa de mayor alcance destinada a debilitar la estructura militar y de inteligencia iraní, escenario que explica el actual despliegue de fuerzas estadounidenses en la región.
El líder supremo iraní, Ali Khamenei, advirtió que cualquier acción militar derivaría en un conflicto regional. “Si inician una guerra, será una guerra regional”, afirmó en declaraciones recientes.
Una eventual escalada podría involucrar ataques contra Israel y contra países que albergan bases militares estadounidenses en Medio Oriente. Irán dispone de misiles balísticos de mediano alcance capaces de impactar objetivos a más de 1,900 kilómetros, incluyendo instalaciones estratégicas en la región.
En este contexto, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han manifestado preocupación por las posibles consecuencias de un conflicto abierto.
La reunión en Ginebra será determinante para el rumbo inmediato de la crisis. El presidente Trump habría fijado un plazo de diez días para que Teherán flexibilice su postura y alcance un acuerdo que satisfaga las demandas de Washington.
