En la Península de Paria, al noreste de Venezuela, la rutina de los pescadores cambió drásticamente desde que el Ejército de Estados Unidos atacó un barco el pasado 2 de septiembre, acusado de transportar drogas y miembros de la banda Tren de Aragua.
El operativo, que dejó al menos 11 muertos según Washington, ha paralizado la economía local, donde la pesca ya no garantiza sustento y muchos recurren al contrabando como alternativa de supervivencia.
Pesca en declive y “otros negocios”
Durante años, los peñeros —barcos de unos 12 metros— fueron el corazón de la industria pesquera en Güiria, Guaca y El Morro de Puerto Santo. Pero la sobreexplotación de sardinas, la crisis económica y nuevas restricciones de faena han reducido los ingresos de un pescador a menos de 100 dólares mensuales, insuficientes incluso para costear alimentos básicos.
En contraste, el tráfico ilícito de drogas, combustible y personas puede generar miles de dólares en un solo viaje. “La pesca no da para comprar un motor de 20 mil dólares. Solo el narcotráfico paga eso”, confesó un pescador de Guaca, que reconoció que algunos colegas se ven empujados por el hambre o la enfermedad de un familiar.
Consecuencias tras el ataque
El ataque estadounidense provocó temor entre quienes participaban en estas redes clandestinas, reduciendo el flujo de dinero que solía dinamizar la economía local. Comerciantes de Güiria aseguran que la venta de productos cayó abruptamente: “Antes vendía 90 hamburguesas a la semana, ahora apenas diez”, relató el dueño de un restaurante.
Residentes admiten que, cuando un cargamento llega a destino, se nota de inmediato: la gente compra carne, paga en dólares o euros y acude a peluquerías y bares. Pero en las últimas semanas no hay señales de bonanza.
Debate sobre narcotráfico y política
El gobierno de Donald Trump defendió la operación como parte de su estrategia para frenar el narcotráfico desde Venezuela. Sin embargo, expertos como Christopher Sabatini, del Chatham House en Londres, advierten que se ha “exagerado el vínculo con Tren de Aragua” y que los pescadores apenas operan a pequeña escala, sin capacidad para transportar cargamentos significativos hasta EE. UU.
En contraste, Caracas acusa a Washington de “ejecuciones extrajudiciales” y niega ser un actor central en el negocio mundial de las drogas.
Hambre y desesperación
Mientras tanto, las comunidades de Paria siguen atrapadas entre la crisis económica y la presión del narcotráfico. “Aquí no hay revolución, lo que hay es hambre y sacrificio”, resumió un residente jubilado de Güiria.
La falta de subsidios estatales y de apoyo gubernamental aumenta la dependencia de actividades ilegales, en un contexto donde la desesperación pesa más que el riesgo de ser interceptados en el mar.
