SANTO DOMINGO, RD. – Lo que debía ser una noche de baile, luces y alegría terminó convirtiéndose en una de las mayores tragedias urbanas de la historia dominicana. La madrugada del martes 8 de abril, el emblemático centro nocturno Jet Set Club se desplomó durante un espectáculo del merenguero Rubby Pérez, dejando un saldo devastador de 236 muertos y más de 180 heridos.
El desastre marcó el fin de una tradición de más de medio siglo: los famosos “lunes bailables”, que congregaban a artistas, empresarios, deportistas y figuras del entretenimiento en un mismo escenario.
Una noche que comenzó con alegría
Todo transcurría con normalidad aquella noche. Rubby Pérez, acompañado de su hija Zulinka Pérez y su orquesta, subía al escenario pasadas las 12:30 a.m. para interpretar “De color de rosa”. La sala, llena a capacidad, vibraba al ritmo del merengue.
Entre los asistentes se encontraban personalidades como el expelotero Octavio Dotel, el diseñador Martín Polanco, la gobernadora Nelsy Cruz, el mayor general José Luis Domínguez Castillo, los empresarios Eduardo y Joanna Grullón (del Banco Popular), y el reconocido periodista Guarionex Estrella con su esposa.
A las 12:40 a.m., la tragedia golpeó sin aviso: el techo del Jet Set colapsó, aplastando a cientos de personas bajo toneladas de concreto y acero. Lo que era música se convirtió en gritos de horror.
“Todo se vino abajo”
Los sobrevivientes relatan escenas de pánico absoluto. En cuestión de segundos, el humo, el polvo y los escombros cubrieron todo el lugar. El sistema 911 recibió más de cien llamadas de auxilio, entre ellas la de la gobernadora Nelsy Cruz, quien logró comunicarse con el presidente Luis Abinader antes de quedar atrapada fatalmente.
Minutos después, brigadas de rescate, bomberos y unidades médicas llegaron al lugar. Las labores de remoción de escombros se extendieron por más de 48 horas, mientras las autoridades intentaban identificar cuerpos y trasladar heridos a centros de salud.
El propio presidente Abinader visitó la zona al amanecer. Testigos aseguran que rompió en llanto al ver la magnitud del desastre, acompañado del director del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Juan Manuel Méndez García, visiblemente conmovido.
El informe forense y los responsables
Meses después, un informe técnico-forense del Ministerio Público reveló que el techo del Jet Set había mostrado signos de deterioro estructural desde hacía tiempo, e incluso empleados reportaron que “pedazos de concreto solían desprenderse” del mismo.
Los propietarios del establecimiento, Antonio y Maribel Espaillat, fueron sometidos a la justicia bajo cargos de homicidio involuntario y negligencia criminal. Aunque obtuvieron la libertad bajo fianza, enfrentan un proceso judicial que mantiene en vilo a familiares de las víctimas y a la opinión pública.
Los Espaillat han solicitado recientemente un nuevo peritaje independiente, alegando inconsistencias en el informe oficial, solicitud que fue rechazada por el Ministerio Público, que la considera “innecesaria y potencialmente sesgada”.
La nueva audiencia está pautada para el 24 de octubre, fecha en la que se espera definir si el tribunal acogerá la petición de la defensa o ratificará la acusación formal.
El fin de una era
El siniestro no solo destruyó uno de los símbolos del entretenimiento dominicano, sino también una parte de su historia musical. El Jet Set, fundado en la década de 1970, fue escenario de conciertos memorables de Juan Luis Guerra, Wilfrido Vargas, Sergio Vargas, Olga Tañón, Eddie Herrera y decenas de artistas internacionales.
Hoy, en lugar de luces y música, el edificio es un cementerio de ruinas, testimonio del dolor de cientos de familias. Lo que alguna vez fue “la casa del merengue” es ahora un recordatorio trágico de que la negligencia y la falta de mantenimiento pueden convertir la alegría en muerte.
“El Jet Set se derrumbó, pero con él también cayó una parte del alma festiva de la República Dominicana”, comentó un sobreviviente al salir del hospital.
