Imagen del 5 de septiembre de los daños en Kunar (Afganistán) a causa del terremoto. EFE/EPA/HAMID SABAWOON
La tragedia humanitaria en Afganistán alcanza niveles alarmantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió este lunes que su capacidad de respuesta ante el devastador terremoto registrado el pasado 31 de agosto está al borde del colapso debido a la grave falta de recursos financieros.
El organismo reveló que, de los más de 5 millones de dólares necesarios para sostener las operaciones de asistencia durante los próximos seis meses, solo ha recibido 1 millón, una cifra que pone en riesgo la continuidad de los servicios médicos y la entrega de ayuda humanitaria.
El sismo, de magnitud 6,0, sacudió la provincia oriental de Kunar y dejó un saldo trágico de al menos 2.205 muertos, 3.640 heridos y 6.782 viviendas destruidas, afectando directamente a más de 84.000 personas. Las réplicas posteriores empeoraron la situación, dejando una región devastada, sin infraestructura y con cientos de casos de enfermedades infecciosas detectados en las zonas afectadas.
La OMS desplegó equipos móviles de salud y envió 43 toneladas de suministros médicos, incluyendo kits de trauma y de cólera, pero advierte que la continuidad de estas operaciones depende urgentemente de nuevos fondos. Además, al menos 20 instalaciones médicas, incluidos hospitales claves, quedaron destruidas, dejando a miles de personas sin acceso a servicios básicos de salud.
“Se necesitan más de 5 millones de dólares para sostener y ampliar intervenciones vitales. Hasta ahora, apenas hemos recibido una quinta parte de esa cantidad”, alertó la OMS en su más reciente informe.
AYUDA INTERNACIONAL INSUFICIENTE Y RETRASADA
Aunque la Unión Europea, el Reino Unido, India, Emiratos Árabes Unidos y otros países han anunciado donaciones y envíos de suministros, gran parte de la ayuda no ha sido registrada oficialmente por la OMS. Esto evidencia la fragmentación de la asistencia internacional, marcada por restricciones políticas, desconfianza hacia el régimen talibán y la canalización de recursos a través de ONG y vías privadas.
El operativo humanitario enfrenta además serias dificultades logísticas. Dubái se ha convertido en el centro regional de distribución de la OMS y otras agencias, pero la complejidad del transporte, los costos elevados y la limitada infraestructura terrestre ralentizan la llegada de la ayuda.
UNA CRISIS SANITARIA EN EXPANSIÓN
La catástrofe ocurre en un país donde casi la mitad de la población dependía de la ayuda humanitaria incluso antes del desastre. La falta de financiamiento y las restricciones impuestas por el Gobierno talibán han debilitado aún más un sistema de salud que ya estaba al borde del colapso.
La OMS advirtió que 80 centros de salud habían cerrado en la región antes del terremoto por falta de fondos. Ahora, con 20 instalaciones adicionales destruidas, el riesgo de una segunda emergencia sanitaria es inminente, impulsado por la propagación de enfermedades infecciosas y la escasez de medicamentos esenciales.
En comparación con otros desastres recientes, la brecha de financiación es dramática. Tras el terremoto de Turquía y Siria en 2023, Naciones Unidas solicitó más de 1.000 millones de dólares para asistir a los damnificados. En Afganistán, en cambio, los fondos prometidos apenas cubren una fracción de las necesidades actuales.
