SÍDNEY, 05/07/2024.- Las ballenas jorobadas que migran anualmente por la costa este de Australia fueron más felices durante el primer año de la pademia de covid-19, cuando el país oceánico aplicó estrictas medidas de confinamiento a su población, reveló un estudio científico publicado este viernes. La investigación realizada por científicos de la Universidad de Queensland se apoyó en imágenes tomadas por drones y las muestras de grasa extraídas de varios ejemplares de ballenas jorobadas que transitaron en las aguas cercanas a la Isla North Stradbroke, a unos 100 kilómetros del sur de la ciudad de Brisbane. En la imagen, una ballena jorobada saliendo del mar. EFE/University of Queensland/Dana Cusano /SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
Las ballenas jorobadas, esos enormes cetáceos acrobáticos que reinan sobre las aguas de todos los océanos, fueron más felices durante la pandemia de la Covid-19, cuando la actividad humana en el mar era muy limitada. Así lo revela un estudio realizado por la Universidad de Queensland en Australia que, apoyado en imágenes de drones y muestras de grasa, señala que las estrictas medidas de confinamiento que impuso el país oceánico a su población trajeron consigo el contento de estos animales.
A lo largo de 2020, la Covid-19 hizo que el mundo se parase. Las medidas de confinamiento que obligaron al ser humano quedarse en casa influenciaron el descenso de los niveles de estrés en las ballenas. Los resultados genéticos “plantean la hipótesis de que las ballenas pueden haber estado respondiendo a una disminución de los contaminantes en sus remotas aguas de alimentación”, detalla el autor principal del estudio, Jake Linsky, publicado en la revista Marine Environmental Research.
Las imágenes observadas permitieron conocer la condición corporal y valor energético de las ballenas jorobadas durante su migración anual por la costa australiana y durante su vehemente periodo de crianza. Asimismo, los científicos midieron genéticamente las concentraciones hormonales de las muestras de grasa extraídas (cortisol y testosterona) “durante un periodo de cambios sin precedentes en la actividad antropogénica y los procesos naturales”, según el estudio.
Además, el análisis de las muestras reveló concentraciones de cortisol, la hormona del estrés, significativamente más bajas en las ballenas estudiadas en 2021 respecto a las de 2020. “Este cambio en su fisiología sugiere una disminución de los factores de estrés ambiental entre estos dos años”, señala Linsky.
Estudios previos ya habían registrado cambios parecidos en las hormonas del estrés de las ballenas del lado opuesto al continente antártico, pero la investigación que ahora nos atañe sugiere que podría haberse tratado de un incidente generalizado en todo el Océano Austral.
Fuente: EFE
