FOTO DE ARCHIVO. Una persona deposita flores en la tumba del líder opositor ruso Alexei Navalny mientras conmemora el primer aniversario de su muerte en un cementerio de Moscú, Rusia, el 16 de febrero de 2025. REUTERS/Evgenia Novozhenina/
Moscú. – Cientos de ciudadanos rusos acudieron este lunes al cementerio de Borísovo para rendir homenaje al líder opositor Alexéi Navalni, en medio de nuevas denuncias europeas que apuntan a un presunto envenenamiento con una toxina letal durante su reclusión en una prisión ártica hace dos años.
La tumba del opositor amaneció cubierta de flores rojas, blancas y rosadas, mientras simpatizantes colocaban mensajes con la palabra “Recordamos” y participaban en una oración oficiada por un sacerdote ortodoxo.
A pesar de la intensa nevada y temperaturas de hasta 14 grados bajo cero, los asistentes formaron largas filas desde primeras horas del día. Entre los presentes estuvieron familiares del opositor y ciudadanos que consideran su muerte un símbolo de la represión política en Rusia.
Agentes de seguridad, según reportes locales, monitoreaban el acceso al cementerio y grababan a quienes acudían a la conmemoración.
Gobiernos europeos, entre ellos Alemania, Reino Unido, Francia, Suecia y Países Bajos, sostienen que Navalni habría sido envenenado con epibatidina, una toxina letal, lo que implicaría una violación a la Convención sobre Armas Químicas.
El Kremlin rechazó las acusaciones. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, calificó las denuncias como “parciales e infundadas”.
Por su parte, la viuda del opositor, Yulia Navalnaya, acusó directamente al presidente Vladímir Putin de haber ordenado el asesinato de su esposo con un “arma química”, reiterando que nunca creyó la versión oficial que atribuyó la muerte a causas naturales.
La oposición rusa en el exilio y representantes adscritos al Consejo de Europa calificaron el caso como parte de una “cadena sistémica de crímenes” y exigieron justicia.
El fallecimiento de Navalni en la penitenciaría IK-3, en la región ártica de Jarp, continúa generando tensiones diplomáticas y cuestionamientos sobre el uso de sustancias prohibidas.
A dos años de su muerte, el nombre de Navalni sigue siendo un punto de confrontación entre Moscú y gobiernos occidentales, mientras sus seguidores mantienen viva su memoria como símbolo de resistencia política.
