Este lunes comenzó bajo estrictas medidas de seguridad el juicio contra 19 personas acusadas de participar en el atentado armado ocurrido en marzo de 2024 en el Crocus City Hall, una sala de conciertos de Moscú, en el que murieron 149 personas y más de 600 resultaron heridas.
El ataque, perpetrado el 22 de marzo y reivindicado por una facción del grupo Estado Islámico, fue uno de los más mortales en la historia reciente de Rusia. Según los informes, cuatro hombres abrieron fuego contra los asistentes a un concierto de rock y luego prendieron fuego al edificio.
Las autoridades rusas, encabezadas por el presidente Vladímir Putin, han insinuado una posible implicación de Ucrania, aunque hasta el momento no se han presentado pruebas concretas. Kiev ha rechazado categóricamente las acusaciones.
El Comité de Investigación de Rusia aseguró en junio que el atentado fue “planificado y ejecutado en beneficio del actual liderazgo ucraniano con el objetivo de desestabilizar políticamente a Rusia”, y que los atacantes intentaron huir hacia Ucrania tras la masacre.
Los cuatro principales sospechosos, ciudadanos de Tayikistán, fueron capturados horas después del atentado. Durante su primera comparecencia en tribunal mostraban signos de haber sido golpeados, lo que generó preocupación sobre el trato recibido durante la detención.
Además, otros seis sospechosos han sido acusados en ausencia y añadidos a la lista de los más buscados por las autoridades rusas, por supuesta colaboración en la preparación y entrenamiento de los atacantes. El resto enfrenta cargos por colaboración y apoyo logístico.
