Tras la operación policial más letal en la historia reciente de Río de Janeiro, los vecinos de la favela de Penha se vieron obligados a rescatar decenas de cuerpos que quedaron abandonados tras los enfrentamientos.
Desde las primeras horas del martes, alrededor de 50 cadáveres cubiertos con plásticos negros permanecían sobre el asfalto frente a la guardería pública ubicada en la plaza São Lucas. Vecinos permanecieron en la zona, algunos buscando familiares, otros por curiosidad, sin recibir apoyo directo de las autoridades.
Rayune Diaz Ferreira, habitante de la comunidad, declaró: “El Estado nos ha abandonado durante mucho tiempo y, después de esta matanza, seguimos sin ayuda. Los que estamos cargando los cuerpos somos los propios vecinos”.
Una veintena de residentes, en su mayoría mujeres, lidera la recuperación de los cuerpos en un bosque cercano al complejo de Alemão, donde se registraron enfrentamientos durante la operación. Con camillas improvisadas, los voluntarios transportan los cadáveres entre restos de ropa, casquillos de bala y rastros de sangre.
Thais Loredo, abogada del Instituto Anjos da Liberdade, señaló que algunos cuerpos muestran signos de tortura, mientras que las autoridades aún no confirman si estos se suman al conteo oficial de 64 fallecidos, cuatro de ellos policías, registrado tras la operación.
La intervención policial, que movilizó a 2,500 agentes y buscaba capturar a cabecillas del Comando Vermelho, provocó escenas de violencia extrema en Penha y Alemão, dos de los complejos de favelas más grandes y conflictivos de la zona norte de la ciudad.
A pesar del temor y la incertidumbre, los vecinos tratan de retomar sus rutinas. La mayoría de los comercios en la plaza São Lucas permanecen cerrados, salvo algunos mercados, mientras las calles y el transporte público comienzan a operar con normalidad.
