Por Elwin Peña “El Súper Profe”
FILADELFIA, EE.UU. – Los Phillies de Philadelphia, que durante la fase regular fueron sinónimo de poder y consistencia, viven hoy una de las peores pesadillas de su temporada.
El equipo que dominó con autoridad y que muchos veían como favorito al título, está ahora a un solo juego de ser barrido por los Dodgers de Los Ángeles en la Serie Divisional, y lo más alarmante: los dos partidos restantes serán en el Dodger Stadium, terreno históricamente adverso.
De la gloria a la frustración
Durante la fase regular, los Phillies fueron uno de los equipos más sólidos de las Grandes Ligas.
Conectaron 212 jonrones, noveno mejor registro de todo el circuito, y fueron el mejor conjunto jugando en casa, con 55 victorias en el Citizens Bank Park.
Irónicamente, ese mismo escenario donde parecían invencibles fue testigo de dos derrotas consecutivas ante Los Ángeles, encendiendo las alarmas entre los fanáticos.
El desplome ofensivo
La ofensiva que durante meses inspiró temor ha desaparecido en el momento más decisivo.
El equipo batea para un promedio colectivo de .203, sin jonrones y apenas .214 con corredores en posición anotadora, un contraste abismal con la producción que los llevó hasta la postemporada.
Las figuras principales tampoco han respondido:
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Bryce Harper apenas conecta para .143 (1 hit en 7 turnos) con tres ponches.
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Kyle Schwarber está en blanco (0-7), sin cuadrangulares ni extrabases, completamente neutralizado.
El fuego del Citizens Bank Park se ha convertido en silencio.
Un relevo sin control
Aunque los abridores han cumplido de forma aceptable, el bullpen ha sido un desastre.
La efectividad colectiva del relevo es de 7.11, reflejo de falta de comando, descontrol en los conteos y mala ejecución bajo presión.
Los Dodgers, sin necesidad de exhibir su mejor versión ofensiva, han sido quirúrgicos al aprovechar cada error, bateando .286 con corredores en posición anotadora.
El futuro inmediato
El panorama es sombrío.
Los Phillies están obligados a ganar dos juegos seguidos en Los Ángeles para forzar un quinto partido y mantener viva la esperanza.
De no hacerlo, su temporada —que pintaba para historia— podría acabar abruptamente, víctima de la inconsistencia y la presión.
La ilusión de volver a una Serie de Campeonato se apaga lentamente, mientras los fanáticos se preguntan:
¿Dónde quedó aquel equipo que arrasaba con poder, energía y confianza?
Solo una reacción épica podrá responderlo.
