Gobiernos de Asia manifestaron posiciones diferenciadas luego de la operación militar ejecutada por Estados Unidos en Venezuela, que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro, reflejando una marcada división internacional frente al impacto político y jurídico del conflicto venezolano.
El Gobierno de China exigió la liberación inmediata de Maduro y llamó a una salida negociada que respete la soberanía venezolana y el derecho internacional, instando a privilegiar el diálogo como vía para reducir las tensiones.
Por su parte, Japón adoptó un tono distinto al señalar la necesidad de “restaurar la democracia” en Venezuela, sin pronunciarse de manera directa sobre la legalidad de la acción militar. En la misma línea de cautela, India expresó profunda preocupación por la escalada del conflicto, evitando emitir una valoración jurídica sobre el operativo.
En contraste, Malasia denunció que la captura del mandatario venezolano constituye una violación del derecho internacional, subrayando los riesgos que este precedente implica para el orden multilateral.
Las reacciones evidencian el impacto diplomático global de la crisis venezolana y la ausencia de consenso internacional respecto a la actuación de Washington, en un escenario que continúa generando repercusiones políticas y estratégicas más allá de la región.
