El primer ministro de Canadá, Mark Carney, se reunirá este martes con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca, con el propósito de rebajar las tensiones comerciales entre ambos países y abrir el camino hacia una posible revisión del tratado de libre comercio T-MEC.
El encuentro se produce en medio de una relación bilateral en su punto más tenso en años, tras la imposición de nuevos aranceles estadounidenses sobre productos clave canadienses, como el acero, el aluminio y los camiones pesados.
Fricciones y presión política interna
Desde su llegada al poder en abril, Carney —exgobernador del Banco de Canadá y del Banco de Inglaterra— ha enfrentado críticas internas por su manejo de la relación con Washington. La administración Trump impuso un arancel del 50 % al acero y al aluminio canadiense bajo la Section 232, y recientemente anunció un 25 % de impuestos sobre camiones pesados importados desde Canadá, que entrará en vigor en noviembre.
El 75 % de las exportaciones canadienses se dirige a Estados Unidos, y más del 85 % del comercio bilateral se realiza libre de aranceles bajo el T-MEC. No obstante, las recientes medidas de la Casa Blanca han encendido alarmas sobre la estabilidad del acuerdo.
“El primer ministro necesita regresar con avances visibles. Una visita sin resultados reforzaría las críticas sobre su falta de firmeza con Washington”, advirtió Daniel Béland, politólogo de la Universidad McGill.
Trump, por su parte, ha defendido las medidas como una estrategia para proteger la industria estadounidense. En declaraciones recientes, dijo que “muchas empresas canadienses se están trasladando a Estados Unidos” y sugirió que los términos actuales del tratado “no benefician lo suficiente” a su país.
Incluso, en un comentario que causó indignación en Ottawa, el presidente estadounidense bromeó diciendo que Canadá podría convertirse en el “estado número 51”, lo que provocó fuertes críticas en medios canadienses y entre líderes opositores.
Prioridades de Carney en la Casa Blanca
Carney busca lograr alivio arancelario para los sectores más golpeados —principalmente el acero, el aluminio y la industria automotriz—, además de restaurar un canal de diálogo directo y constructivo con la administración estadounidense.
Asimismo, pretende garantizar que la revisión del T-MEC prevista para 2026 no erosione los intereses económicos de Canadá ni su acceso preferencial al mercado estadounidense.
El contexto económico interno añade presión al mandatario: el PIB canadiense cayó un 1,5 % en el segundo trimestre, y varios sectores exportadores advierten sobre pérdida de competitividad frente a sus pares en Estados Unidos.
Aun así, Carney ha defendido el T-MEC, subrayando que el promedio de aranceles estadounidenses sobre productos canadienses es de apenas 5,6 %, el más bajo entre los principales socios comerciales de Washington. También recordó que Canadá es un proveedor esencial de energía, minerales críticos y materiales estratégicos para la economía estadounidense.
Una relación comercial estratégica
La relación entre ambos países es una de las más integradas del mundo: cada día cruzan la frontera bienes y servicios por un valor aproximado de 2.500 millones de dólares, lo que refleja la interdependencia económica norteamericana.
Aunque no se esperan acuerdos formales tras la reunión, funcionarios de ambas partes reconocen que este encuentro será un paso clave para reducir tensiones y evitar un deterioro mayor en la relación entre los dos socios más estrechos del continente.
