La historia se detuvo por un instante. La líder opositora venezolana María Corina Machado rompió en lágrimas al recibir la llamada que cambiaría su vida: había sido elegida ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025.
El momento, compartido por el Instituto Nobel Noruego, muestra a Machado visiblemente conmovida, con la voz entrecortada y el rostro iluminado por la sorpresa. “Oh Dios mío… no tengo palabras”, alcanzó a decir cuando el director del Instituto, Kristian Berg Harpviken, le comunicó la noticia minutos antes del anuncio oficial.
Entre lágrimas, la dirigente expresó su gratitud y su esperanza de que el galardón sirva como “un impulso para la paz y la libertad del pueblo venezolano”, al que ha representado por más de dos décadas en su lucha democrática.
UN RECONOCIMIENTO HISTÓRICO
El Comité Noruego del Nobel reconoció a Machado por su “incansable labor en favor de una transición justa y pacífica en Venezuela”, destacando su compromiso con los derechos humanos y su resistencia no violenta frente al autoritarismo del régimen de Nicolás Maduro.
Con este premio, María Corina Machado se convierte en la primera venezolana en recibir el Nobel de la Paz, un hecho histórico que ha despertado una ola de emoción dentro y fuera del país.
El comité subrayó que su liderazgo “ha mantenido viva la esperanza de millones de venezolanos que sueñan con democracia y libertad”, y que su ejemplo “inspira al mundo a creer en el poder moral de la resistencia pacífica”.
“YO SOLO SOY UNA PERSONA”
Durante la llamada, un emotivo intercambio dejó ver la humildad de la dirigente. “Esto es un movimiento, un logro de toda la sociedad. Yo soy apenas una persona, y desde luego no lo merezco”, dijo Machado entre sollozos.
“Usted se lo merece, respondió Harpviken. Esto es un reconocimiento a usted, a lo que usted ha hecho”.
Machado vive actualmente en la clandestinidad, tras denunciar como fraudulentas las elecciones presidenciales de julio de 2024, en las que Nicolás Maduro fue reelegido en medio de denuncias internacionales de manipulación y represión.
Su triunfo moral, ahora respaldado por el máximo símbolo mundial de la paz, consolida su figura como una de las voces más firmes de la resistencia democrática en América Latina.
