La princesa de Gales, Kate Middleton, volvió a hacer historia en el terreno del estilo y la diplomacia al lucir uno de los emblemas más icónicos de la monarquía británica: el broche de plumas de la princesa de Gales, una pieza con más de 160 años de antigüedad que solo pueden portar las esposas de los herederos al trono.
El Prince of Wales Feather Brooch, también conocido como Ladies of North Wales Brooch, fue un regalo de la sociedad de damas del norte de Gales a la princesa Alexandra de Dinamarca en 1863, con motivo de su boda con el entonces príncipe Eduardo. La joya, creada por la casa Garrard & Co., está compuesta por diamantes, rubíes y esmeraldas, rodeando el escudo heráldico de las tres plumas de avestruz, símbolo tradicional del heredero al trono británico desde la Edad Media.
La pieza no solo tiene valor histórico, sino también emocional. Pasó por manos de la reina madre, de Lady Diana Spencer, quien la convirtió en uno de sus accesorios predilectos usándolo como colgante, y posteriormente de Camilla Parker Bowles, antes de llegar ahora a Kate, quien le devuelve su sentido original: ser la insignia de la princesa de Gales.
Más allá de la joya, Kate acompañó su elección con un vestido burdeos estilo abrigo de Emilia Wickstead, un tocado de Jane Taylor, bolso Chanel y tacones Gianvito Rossi. El color burdeos, presente en las banderas tanto del Reino Unido como de Estados Unidos, fue interpretado como un guiño diplomático, reforzando el simbolismo del encuentro oficial.
Con esta aparición, Kate no solo reafirma su papel como referente de estilo en la realeza, sino también como protagonista de un lenguaje diplomático donde los colores, las joyas y los gestos tienen tanto peso como las palabras.
