Cientos de policías israelíes, apoyados por excavadoras, demolieron este miércoles unas 35 viviendas de árabes beduinos en la aldea no reconocida de Al Sir, en el desierto del Néguev. La operación, ordenada por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, provocó enfrentamientos y escenas de protesta entre los residentes.
De acuerdo con el Consejo Regional de Pueblos Beduinos No Reconocidos (RCUV), unas 150 personas fueron expulsadas, sumando un total de 10.000 desplazadas desde la llegada al poder del actual Ejecutivo en diciembre de 2022.
En medio de la redada, algunos habitantes incendiaron sus propias casas como acto de resistencia. La policía respondió con granadas de sonido y gases lacrimógenos, dejando varios heridos.
Reubicación y compensaciones cuestionadas
El Gobierno busca desalojar Al Sir para levantar un nuevo barrio en la localidad vecina de Segev Shalom, donde pretende reubicar a 1.700 familias beduinas. Sin embargo, según denunció Nati Yefet, portavoz del RCUV, solo la mitad de los afectados recibirían compensación o vivienda temporal, siempre y cuando acepten demoler por cuenta propia sus hogares.
“Si los residentes fueran judíos, serían tratados como colonos con amplias facilidades. Esto es racismo puro”, expresó Yefet.
La postura oficial
Ben Gvir defendió la medida en su cuenta de X: “Estamos recuperando las tierras del Néguev. Esta operación es clave para restaurar la soberanía y eliminar la construcción ilegal en todo el país”.
Israel no reconoce 36 aldeas beduinas seminómadas que existían antes de 1948, y organizaciones de derechos humanos denuncian que las reconocidas carecen de servicios básicos como agua, electricidad o carreteras.
Actualmente, el Gobierno impulsa que unos 350.000 beduinos abandonen su estilo de vida agrícola y se trasladen a zonas urbanas empobrecidas, donde ya viven al menos 190.000 desplazados.
