El Parlamento de Irán aprobó por unanimidad la suspensión de toda cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y prohibió el ingreso a sus instalaciones nucleares del director general del organismo, el diplomático argentino Rafael Grossi. La decisión también incluye la prohibición de instalar cámaras de vigilancia en dichos centros.
El anuncio fue realizado por el vicepresidente del Parlamento iraní, Hamid Reza Haji Babaei, quien argumentó que la medida responde al hallazgo de “datos confidenciales” sobre sus instalaciones, presuntamente filtrados a través de documentos israelíes. La decisión legislativa fue adoptada durante una ceremonia en honor al ayatollah Beheshti y funcionarios judiciales fallecidos en ataques atribuidos a Israel.
“La reciente guerra de 12 días es una continuación de las hostilidades que Estados Unidos lleva hace 47 años liderando contra la nación iraní. El verdadero objetivo no son los misiles ni el programa nuclear, sino el pueblo de Irán”, sostuvo Haji Babaei, acusando a Washington de encabezar una ofensiva permanente contra la soberanía del país persa.
La resolución parlamentaria estipula que la suspensión se mantendrá hasta que los centros nucleares y científicos iraníes estén completamente protegidos conforme a la Carta de las Naciones Unidas y a los lineamientos del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán.
La tensión se intensificó tras las recientes críticas del Gobierno iraní a Rafael Grossi durante la escalada bélica con Israel, acusándolo de haber tenido un “rol perverso” al supuestamente ocultar información que facilitó ataques a infraestructuras iraníes. En un mensaje publicado en la red social X, el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, acusó a Grossi de actuar en complicidad con potencias hostiles y de insistir “sin sentido” en visitar sitios bombardeados.
“Esto es consecuencia del lamentable papel de Rafael Grossi al ocultar que el organismo, hace décadas, ya había cerrado todos los asuntos pendientes”, expresó Araqchi, reafirmando la posición del Gobierno iraní de no permitir más inspecciones bajo el actual marco.
La decisión representa un nuevo punto de quiebre en la relación entre Irán y el OIEA, en un momento de alta volatilidad regional y creciente preocupación internacional sobre el rumbo del programa nuclear iraní.
