El ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchí, afirmó que la posible reanudación de las conversaciones nucleares con Estados Unidos. Dependerá exclusivamente de los intereses nacionales iraníes, dejando claro que las condiciones han cambiado tras los recientes bombardeos estadounidenses a instalaciones nucleares en el país persa.
En una entrevista transmitida por la televisión estatal, Araqchí confirmó que Teherán ha recibido mensajes formales de Washington para reanudar las negociaciones estancadas desde la breve pero intensa guerra de junio con Israel, donde EE. UU. intervino atacando tres centros nucleares iraníes.
“La reanudación de las conversaciones en el futuro, ya sea a corto o largo plazo, depende de lo que convenga a nuestros intereses nacionales”, afirmó el canciller iraní.
El alto funcionario advirtió que cualquier diálogo futuro requiere garantías de que no se repetirán ataques a infraestructuras estratégicas, y subrayó que Irán no ha modificado su postura sobre el enriquecimiento de uranio con fines pacíficos, rechazando rotundamente la exigencia de “cero enriquecimiento” por parte de EE. UU.
Críticas al OIEA y redefinición de cooperación internacional
Araqchí también arremetió contra el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), acusándolo de no condenar los ataques “ilegales y salvajes” de Estados Unidos a instalaciones nucleares bajo supervisión internacional.
“¿Existe algún protocolo para inspeccionar instalaciones bombardeadas? Si lo hay, debe definirse claramente”, planteó.
En ese sentido, anunció que Irán ha invitado al subdirector general del OIEA a visitar Teherán, no para inspeccionar, sino para dialogar sobre un nuevo marco de cooperación tras la aprobación de una ley que transfiere el control total de estas relaciones al Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní.
“Él no viene a inspeccionar ni a evaluar. Viene a discutir los mecanismos bajo los cuales se desarrollarán nuestras futuras relaciones”, concluyó.
La situación añade una nueva capa de tensión al ya complejo escenario en Medio Oriente, y plantea dudas sobre la viabilidad de futuras inspecciones internacionales, así como sobre la reactivación del acuerdo nuclear del que EE. UU. se retiró en 2018.
