El G20 arrancó su cumbre anual en un ambiente marcado por fricciones políticas y un amplio despliegue de seguridad, luego de que Estados Unidos cambiara a última hora su decisión de boicotear el encuentro, generando sorpresa entre las delegaciones.
Sudáfrica, anfitrión del evento y primera nación africana en recibir la cumbre, reforzó la seguridad con 3,500 policías adicionales y tropas militares, debido al alto nivel de alerta en Johannesburgo.
Aunque algunos mandatarios como los de China, Argentina, Rusia y México no asistieron personalmente, el encuentro reúne a 42 delegaciones, enfocadas en buscar consensos sobre comercio, transición energética, crisis de deuda y estabilidad geopolítica.
La aparición inesperada de Estados Unidos en la agenda provocó un cruce de declaraciones entre la Casa Blanca y el gobierno sudafricano, aumentando la tensión previa al inicio de las sesiones oficiales.
Pese a las diferencias, Sudáfrica reafirmó que trabajará para lograr una declaración conjunta, al destacar que el mundo “no puede permitirse fracturas adicionales” en un momento crítico para la cooperación internacional.
