La comunicación institucional es hoy un factor determinante en la gestión pública, y la falta de estrategia puede convertirse en una amenaza para cualquier funcionario. Expertos y analistas coinciden en que muchos miembros del gobierno, al responder sin planificación o de manera impulsiva, terminan generando sus propias crisis mediáticas.
La Lic. Madelin Peña explicó que publicar logros o reaccionar en redes sociales sin un plan sólido no es suficiente. “Comunicar requiere coherencia, disciplina y una narrativa alineada con la gestión. Un error o una declaración fuera de contexto puede derivar en un desgaste institucional significativo”, advirtió.
Según Peña, la ausencia de preparación en manejo de medios y crisis reputacional ha llevado a que ministerios y dependencias sean ejemplos de cómo no comunicar. En la era digital, un tuit mal redactado, una respuesta improvisada a la prensa o un video filtrado puede provocar repercusiones inmediatas y de gran alcance.
La especialista subrayó que se trata de una crisis de coherencia y estrategia, donde los portavoces y funcionarios muchas veces contradicen las acciones de sus instituciones, creando confusión y desconfianza en la población.
Peña concluyó que la gestión pública demanda responsabilidad comunicacional y cohesión narrativa. “Cuando los funcionarios se convierten en su propia oposición, el costo lo paga todo el gobierno. Es imprescindible establecer protocolos claros para prevenir errores que pueden ser irreversibles”, finalizó.
