WASHINGTON / TEHERÁN. – Si Estados Unidos decide intervenir militarmente en el conflicto entre Israel e Irán, su golpe más demoledor podría venir desde el cielo… y desde el subsuelo. Se trata de la temida bomba GBU-57, conocida como Penetrador Masivo de Artillería (MOP), un artefacto de 30.000 libras diseñado exclusivamente para hacer lo que ninguna otra bomba convencional puede: destruir búnkeres nucleares fortificados a más de 60 metros de profundidad.
Este monstruo de precisión, guiado por GPS y con fusible inteligente, está listo para perforar roca, concreto y acero antes de detonar con un poder devastador. Su objetivo principal, en caso de intervención: la planta subterránea de Fordow, el núcleo más protegido del programa nuclear iraní.
LA BOMBA QUE PUEDE CAMBIAR EL JUEGO
Desarrollada por la Fuerza Aérea de EE.UU., la GBU-57 no ha sido usada públicamente en combate. Pero si se activara, lo haría desde un único portador: el bombardero furtivo B-2 Spirit, un avión invisible al radar, de alcance global y capaz de permanecer en el aire más de 30 horas con repostaje.
Fordow, escondido en una ladera montañosa al suroeste de Teherán y protegido por 91 metros de roca, produce actualmente uranio enriquecido al 60%, cerca del umbral necesario para armas nucleares. Para muchos analistas, su neutralización sería la prioridad número uno del Pentágono.
¿BASTARÍA CON VOLAR FORDOW?
No del todo. El exnegociador nuclear de EE.UU., Richard Nephew, advirtió: “Aun si Fordow desapareciera mañana, seguiríamos teniendo preocupaciones enormes”, dejando claro que el programa iraní no se limita a una sola instalación.
Instalaciones como Natanz, Isfahán, Arak, Bushehr y Parchin también están en la mira. Algunas ya han sufrido bombardeos israelíes recientes, aunque la planta nuclear de Fordow no ha sido alcanzada directamente… todavía.
¿UN CONFLICTO NUCLEAR EN CÁMARA LENTA?
El director del OIEA, Rafael Grossi, confirmó que las instalaciones subterráneas de Natanz sí fueron impactadas, contradiciendo versiones iniciales. Mientras tanto, la planta de Bushehr y el reactor de agua pesada de Arak permanecen operativos.
La pregunta ahora es cuánto tiempo más pasará antes de que EE.UU. entre directamente al conflicto, y si lo hará con el arma más pesada de su arsenal convencional.
Porque si el B-2 despega con un MOP a bordo… ya no habrá vuelta atrás.
