El Super Bowl de este año se celebrará en un clima inusual de tensión política y protestas sociales, lejos de ser únicamente un espectáculo deportivo. A pocas horas del partido entre los Seattle Seahawks y los New England Patriots, la National Football League (NFL) enfrenta crecientes presiones para pronunciarse de manera clara frente a la política migratoria del gobierno del presidente Donald Trump.
Diversos sectores sociales han manifestado su preocupación ante la posible presencia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) durante el evento deportivo, que se disputará en el Levi’s Stadium, en la zona de la Bahía de San Francisco. Más de 184 mil personas han firmado una petición exigiendo a la liga que denuncie públicamente cualquier operativo migratorio relacionado con el Super Bowl.
El movimiento liberal MoveOn anunció que entregaría formalmente la petición en la sede de la NFL en la ciudad de Nueva York, como parte de una jornada de presión contra lo que consideran una amenaza para comunidades inmigrantes que tradicionalmente participan del evento.
La expectativa también se ha trasladado al escenario artístico. El cantante Bad Bunny, una de las figuras latinas más influyentes del momento y protagonista del espectáculo de medio tiempo, ha sido un crítico abierto de las políticas migratorias de Trump y de la actuación del ICE. El artista ha cuestionado públicamente la gestión gubernamental, tanto por el trato a los inmigrantes como por la respuesta federal a desastres naturales en Puerto Rico.
Recientemente, Bad Bunny volvió a generar titulares al lanzar críticas contra ICE durante la ceremonia de los Premios Grammy, y en el pasado evitó realizar conciertos en el territorio continental de Estados Unidos por temor a que sus seguidores fueran blanco de operativos migratorios.
Así, el Super Bowl se perfila no solo como el evento deportivo más visto del año, sino también como un escenario simbólico de confrontación política y social, en un momento crítico para Estados Unidos, donde el deporte, el entretenimiento y la realidad política vuelven a cruzarse ante millones de espectadores.
