Por Salvador Holguín, diciendo lo que otros callan
Hace meses advertí, con la mejor intención, al presidente Luis Rodolfo Abinader sobre el mal que empezaba a incubarse en su administración: la ineptitud e incapacidad de una parte importante de sus funcionarios. En vez de cumplir con sus responsabilidades, muchos han preferido dedicarse a proyectos personales, políticos y hasta comerciales, dejando al mandatario cada vez más solo en la conducción del Estado.
El peso de un gobierno sin respaldo
Un presidente sin el apoyo real de sus funcionarios se convierte en un líder vulnerable, expuesto a las críticas de la oposición y al desgaste del poder. Esa falta de sintonía entre la cabeza y sus ejecutores es hoy la raíz del descontento que se respira en la sociedad.
La mejor radiografía de ese malestar la dio la música urbana. El fenómeno social que provocó la canción “Tá de pinga” de Shelow Shaq no es un simple relajo: es el grito colectivo de una población inconforme. Cuando un pueblo canta sus necesidades, está lanzando una advertencia que no debe ignorarse.
Oposición al acecho
Ese clima de frustración le ha servido a la oposición en bandeja de plata los argumentos para desacreditar la gestión de Abinader y sembrar inestabilidad política y social. Y en política, ningún adversario desaprovecha una oportunidad así.
Por eso, señor presidente, ha llegado la hora de remover la mata. Se necesita un cambio profundo y visible en su gabinete: poner a rodar cabezas si es necesario. Como dice el refrán: primero va Dios que sus santos. El país exige un gobierno renovado, con rumbo firme y capacidad real de dar respuestas.
Todavía no es tarde
Lo positivo es que aún hay tiempo. El presidente Abinader puede relanzar su gestión, rectificar errores y recuperar la confianza de la población. De no hacerlo, el descontento crecerá como una bola de nieve que no solo puede aplastar su gobierno, sino también las aspiraciones de continuidad de su partido.
El reloj político sigue corriendo, y cada segundo perdido es un paso más hacia el desgaste. La oportunidad de recomponer el rumbo aún está viva… pero no lo estará por mucho tiempo.
