El aeropuerto más grande de Escandinavia fue cerrado durante horas la noche del lunes tras la irrupción de dos o tres drones de gran tamaño no identificados que sobrevolaron sus instalaciones, lo que obligó a suspender vuelos y generó retrasos que se extendieron hasta la mañana del martes, informó la Policía de Copenhague.
El inspector jefe Jes Jespersen explicó que los aparatos fueron operados por “un actor capaz”, aparentemente con el objetivo de demostrar destrezas y practicar maniobras, más que de provocar daños. Los drones realizaron vuelos con patrones de luces encendiéndose y apagándose antes de desaparecer.
Las autoridades decidieron no derribar los aparatos por el alto riesgo que representaba la presencia de pasajeros, aviones en pista y depósitos de combustible. “Todo indica que no intentaba atacar a nadie, sino presumir y tal vez practicar”, señaló Jespersen.
Aunque no se hallaron indicios de ataque directo, no se descartó la posibilidad de un acto de sabotaje híbrido, en un contexto de crecientes tensiones en el norte de Europa. El Kremlin negó cualquier implicación y calificó las sospechas de “infundadas”.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, definió el episodio como “el ataque más grave contra la infraestructura crítica danesa hasta la fecha”.
Las investigaciones apuntan a que los drones pudieron ser lanzados desde varios kilómetros de distancia, incluso desde barcos en el mar.
En paralelo, un incidente similar obligó al aeropuerto de Oslo, Noruega, a operar con una sola pista esa misma noche. Si bien el tráfico se normalizó más tarde, las autoridades investigan posibles vínculos entre ambos casos.
El cierre de Copenhague recordó episodios previos de seguridad aérea en Europa, como los registrados en el aeropuerto londinense de Gatwick en 2023 y en 2018, cuando más de 140.000 viajeros quedaron varados por tres días de interrupciones debido a drones.
