SANTA CLARA (ESTADOS UNIDOS), 09/02/2026.-, El cantante puertorriqueño Bad Bunny durante su actuación en el descanso del Super Bowl en Santa Clara, California, Estados Unidos. El conjunto blanco con el que la estrella puertorriqueña Bad Bunny actuó en el descanso del Super Bowl fue diseñado por la marca española Zara, según informó este domingo la revista Vogue. EFE/Acoustyle / SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
En la edición 60 del Super Bowl LX, el artista puertorriqueño Bad Bunny no solo marcó un hito al convertirse en el primer artista latino e hispanohablante en encabezar el espectáculo de medio tiempo casi íntegramente en español, sino que su actuación trascendió el plano puramente musical para convertirse en un momento de reivindicación cultural y social que resonó más allá del espectáculo deportivo.
Su show en el entretiempo del Super Bowl —transmitido el 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California— atrajo a más de 128 millones de espectadores, posicionándose entre los más vistos en la historia de estas presentaciones.
La puesta en escena de Bad Bunny —que incluyó colaboraciones con artistas como Lady Gaga y Ricky Martin y un repertorio lleno de elementos culturales latinos— incorporó símbolos y temas que llevaron a muchos espectadores y analistas a interpretar su actuación como más que entretenimiento. Más allá de hits como Tití Me Preguntó y Yo Perreo Sola, el show incluyó alusiones a identidades colectivas y referencias culturales que tocaron nervios históricos y sociales profundos.
Un artículo cultural destacó que momentos de la presentación —como frases interpeladoras en canciones o escenas que evocaron realidades y resistencias sociales— demostraron que “la fama puede convertirse en conciencia”. Según esa lectura, cuando un espectáculo artístico logra incomodar estructuras de poder o tocar temas sensibles, deja de ser un simple entretenimiento para entrar en un terreno de reflexión sociopolítica.
Precisamente, parte de la atención mediática se centró en las reacciones que generó la actuación: celebración y orgullo de muchos sectores, y críticas de figuras conservadoras y políticas que cuestionaron la elección y el contenido cultural del espectáculo. Incluso se organizaron eventos alternativos en respuesta al show original, evidenciando cómo una plataforma global puede abrir espacios de debate y confrontación sobre identidad, cultura y poder.
El impacto del show no se limitó a lo artístico. Se vinculó con discusiones más amplias sobre representación, diversidad cultural y el papel de los artistas como voces de sus comunidades. Para muchos, el Super Bowl fue una oportunidad para recordar que el arte —a través de plataformas masivas como esta— puede elevar discursos, cuestionar narrativas y hacer que el poder escuche algo más que entretenimiento.
