Funcionarios de la administración Trump mantuvieron diálogos con Diosdado Cabello, actual ministro del Interior de Venezuela y considerado la segunda figura más poderosa del chavismo, meses antes del operativo estadounidense que culminó con la captura del expresidente Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, y continuaron en contacto con él incluso después de la intervención, según informaron fuentes familiarizadas con el tema a la agencia Reuters.
De acuerdo con los informes, estos contactos —que habrían iniciado desde los primeros días del mandato de Trump y se intensificaron en las semanas previas al operativo— incluyeron advertencias del gobierno estadounidense para que Cabello no movilizara los cuerpos de seguridad, los servicios de inteligencia, la policía, las fuerzas armadas ni las milicias bajo su control con el objetivo de atacar a la oposición venezolana durante la crisis política reciente.
A pesar de que Cabello figura en la misma acusación por narcotráfico presentada por Estados Unidos contra Maduro —argumento que fue utilizado como justificación legal para la operación que llevó a su detención— no fue capturado durante el operativo del 3 de enero y ha seguido ejerciendo influencia sobre el aparato de seguridad venezolano.
Expertos y analistas consultados señalan que el mantenimiento de estas comunicaciones formaría parte de una estrategia estadounidense para evitar una escalada de violencia interna, así como para controlar posibles escenarios de represión contra fuerzas opositoras tras la caída de Maduro, un país profundamente polarizado.
La continuidad de los vínculos entre Cabello y funcionarios de Washington plantea interrogantes sobre el papel del ministro del Interior en la transición política venezolana, e incluso sobre su posición dentro de la estructura de poder después de la captura del exmandatario, en medio de un contexto de realineamientos y negociaciones estratégicas entre Caracas y Washington.
