La República Dominicana vuelve a estremecerse ante hechos de violencia extrema contra menores de edad, muchos de ellos cometidos —según registros y procesos judiciales— dentro del propio entorno familiar, donde debería prevalecer la protección y el cuidado.
El caso más reciente es el de Brianna Genao, una niña de tres años reportada como desaparecida el pasado 31 de diciembre en la comunidad de Barrero, municipio de Imbert, provincia Puerto Plata. El suceso ha generado consternación nacional y ha reavivado el debate sobre la violencia infantil y la responsabilidad del entorno familiar.
De acuerdo con informaciones preliminares manejadas por las autoridades, dos de sus tíos, Reyes Rosario Núñez, de 43 años, y Rafael Rosario Núñez, de 52, habrían confesado su participación en el rapto, abuso sexual, asesinato y posterior entierro de la menor. No obstante, los imputados aseguraron no recordar el lugar exacto donde dejaron el cuerpo de la niña.
Este hecho se suma a una dolorosa lista de crímenes que han marcado a la sociedad dominicana por su crueldad y por involucrar a personas del círculo más cercano de las víctimas. Organizaciones sociales, defensores de derechos humanos y ciudadanos han reiterado la urgencia de fortalecer los mecanismos de prevención, detección temprana y sanción efectiva frente a la violencia infantil.
Mientras el Ministerio Público continúa profundizando las investigaciones para esclarecer totalmente el caso y ubicar el cuerpo de la menor, el país observa con indignación y dolor un nuevo episodio que pone en evidencia la vulnerabilidad de niños y niñas dentro de sus propios hogares.
