Estados Unidos sostiene que Nicolás Maduro encabezó durante años una estructura criminal transnacional dedicada al narcotráfico, lavado de dinero y cooperación con organizaciones catalogadas como terroristas, según la acusación formal presentada ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York.
De acuerdo con el expediente judicial, el mandatario venezolano habría sido una figura central del denominado “Cártel de los Soles”, una red integrada por altos mandos militares, funcionarios civiles y organismos de inteligencia, que operaba como un sistema de protección estatal para el tráfico de cocaína desde Venezuela hacia Estados Unidos, el Caribe y Centroamérica.
Venezuela como plataforma del narcotráfico
La Fiscalía estadounidense afirma que, desde finales de los años noventa, Venezuela se convirtió en un territorio seguro para narcotraficantes, aprovechando su posición geográfica estratégica y la colaboración de funcionarios corruptos. Según estimaciones del Departamento de Estado, entre 200 y 250 toneladas de cocaína habrían salido anualmente del país a través de rutas aéreas y marítimas.
El documento detalla el uso de pistas clandestinas, puertos del Caribe venezolano, lanchas rápidas, barcos pesqueros, contenedores comerciales y vuelos desde aeropuertos bajo control militar, todos presuntamente protegidos por estructuras oficiales.
Pasaportes diplomáticos y vuelos encubiertos
Uno de los elementos más sensibles de la acusación señala que Maduro, cuando se desempeñaba como canciller, habría autorizado la venta de pasaportes diplomáticos venezolanos a narcotraficantes, permitiéndoles mover dinero ilícito bajo cobertura oficial.
Según los fiscales, aviones privados eran declarados como misiones diplomáticas para evitar inspecciones, transportando grandes sumas de dinero provenientes del narcotráfico desde México hacia Venezuela.
Cilia Flores y el financiamiento del poder
El expediente judicial también involucra a Cilia Flores, esposa de Maduro, a quien se acusa de participar en reuniones donde se aceptaron sobornos para garantizar vuelos seguros de cocaína y facilitar contactos con altos funcionarios antidrogas. Parte de estos fondos, según la acusación, habrían sido utilizados para financiar operaciones políticas y sostener el aparato de poder del chavismo.
Droga incautada, violencia y encubrimiento
Uno de los señalamientos más graves indica que la red habría traficado incluso cocaína previamente incautada por las autoridades venezolanas, utilizando escoltas militares armadas y colectivos, grupos parapoliciales señalados por ejercer violencia contra quienes interferían con el negocio.
La acusación describe el envío de más de 5,5 toneladas de cocaína en un avión DC-9 desde Venezuela hacia México, cargado presuntamente en el hangar presidencial del aeropuerto de Maiquetía, con participación de oficiales de la Guardia Nacional. Tras la incautación del cargamento, se habrían pagado sobornos millonarios para evitar arrestos y encubrir a los responsables.
Vínculos con guerrillas y cárteles
Estados Unidos sostiene que Maduro y su entorno facilitaron el crecimiento de grupos narcoterroristas como las FARC y el ELN, permitiéndoles operar campamentos armados en territorio venezolano y garantizándoles protección logística. La acusación incluye contactos directos con el Cártel de Sinaloa y Los Zetas, quienes controlaban rutas clave hacia Estados Unidos.
El documento también menciona a Nicolás Ernesto Maduro Guerra, “Nicolasito”, a quien se atribuye participación directa en envíos de cocaína, uso de aviones de PDVSA, coordinación de cargamentos hacia Miami y Nueva York, y reuniones con representantes de las FARC para planificar tráfico de drogas y armas.
Una acusación de alcance continental
Para la Fiscalía, los hechos atribuidos a Maduro no solo afectaron a Venezuela, sino que alimentaron redes de corrupción y violencia a lo largo de toda la ruta del narcotráfico, desde Colombia hasta Centroamérica y Estados Unidos.
El expediente presenta a Nicolás Maduro no como un actor aislado, sino como el vértice de una estructura criminal sostenida desde el poder político y militar, con impacto continental.
