Por Alexander Gómez
SEATTLE, WASHINGTON.– Julio Rodríguez, del Escogido en la pelota invernal dominicana, se convirtió en el alma de los Marineros de Seattle durante una noche que devolvió la esperanza a toda una ciudad. Con su energía, liderazgo y bate oportuno, el dominicano comandó la reacción de su equipo para igualar la Serie Divisional de la Liga Americana ante los Tigres de Detroit, en un T-Mobile Park que vibró como en los viejos tiempos.
“Este tiene que ser el número uno”, confesó Rodríguez, visiblemente emocionado tras la victoria. “Hacía tiempo que no teníamos un momento como este. Lograr una victoria así, ver a los fanáticos disfrutarlo… fue muy especial para mí. Guardaré ese recuerdo en mi corazón”.
La última vez que Seattle había celebrado un triunfo de postemporada en casa fue en 2001, y la espera valió la pena. El jardinero dominicano volvió a ser decisivo con su estilo eléctrico, impulsando la ofensiva junto a Cal Raleigh, mientras que Jorge Polanco encendió la chispa con dos cuadrangulares solitarios ante Tarik Skubal, manteniendo viva la fe en el dugout marino.
Rodríguez, símbolo de garra y optimismo, explicó el secreto del resurgir del equipo:
“No es difícil. Siento que vamos a ganar. No importa si ellos se adelantan o empatan, sabemos cuál es el objetivo del partido. No hay tiempo para lamentarse: solo hay que vivir el momento.”
El público respondió con una intensidad que recordó las mejores épocas de los Marineros, coreando cada jugada y alentando hasta el último out. “Conozco a estos fanáticos, han esperado mucho. Gritan fuerte porque esto es especial para ellos. Sabemos que el trabajo no ha terminado; tenemos que ir a Detroit”, agregó el dominicano.
El mánager Dan Wilson elogió la capacidad del equipo para levantarse tras la derrota inicial. “Este fue un juego de recuperación para nosotros, y lo lograron con carácter y unidad”, afirmó.
Con la serie empatada, los Marineros viajarán a Detroit con la moral en lo más alto y la sensación de que la magia ha vuelto al noroeste del Pacífico. Rodríguez, una vez más, encarna el espíritu del equipo: juventud, determinación y fe inquebrantable.
“Lo más importante es responder como equipo”, cerró Julio. “Este tipo de victorias son las que te hacen creer aún más en lo que somos capaces de lograr”.
