Los cafés y pubs que proliferaron en la capital dominicana durante las décadas de los 90 e inicios de los 2000 se convirtieron en espacios icónicos para toda una generación de jóvenes que buscaba identidad, libertad y un estilo de vida aspiracional, en un ambiente inspirado en bares estadounidenses e irlandeses.
Estos establecimientos ofrecieron un punto de encuentro para quienes crecieron bajo la influencia del rock de los años 80 y preferían escuchar a bandas como Duran Duran, The Police, Depeche Mode o Pet Shop Boys, frente al dominio de los ritmos tropicales en el país.
Entre los espacios más recordados figuran Café Atlántico, ubicado en la México casi esquina Abraham Lincoln, considerado el más emblemático y con mayor permanencia, y Café Capri, en la avenida Tiradentes, que ofrecía música en vivo con la banda Top 40. También destacaron Caracoles, en la Zona Colonial, con su original barra en forma de pecera, y el mítico Drake Pub, refugio bohemio de finales de los 80.
Estos lugares no solo marcaron tendencia por su oferta musical y de entretenimiento, sino también por su estética. El Bachata Rosa Café, inspirado en la obra de Juan Luis Guerra, el Camelot con decoración medieval, el Bus Stop Café –un autobús escolar convertido en bar– o el colorido Kokomo’s, reflejaban la creatividad y diversidad que caracterizó aquella movida cultural.
Para muchos, estos cafés fueron el inicio de una vida social activa y el escenario donde bandas de rock local encontraron un espacio para conectar con sus seguidores. Hoy, décadas después, exclientes y amantes de esa época evocan con nostalgia esos años que marcaron la noche capitalina.
