Desde que el príncipe Harry decidió abandonar sus deberes reales en 2020, su futuro dentro de los Windsor ha estado marcado por tensiones familiares y un distanciamiento evidente con su padre y su hermano. Junto a Meghan Markle, construyó una nueva vida en Montecito, California, lejos del corazón de la monarquía.
En su regreso a Inglaterra la pasada semana, Harry asistió a causas benéficas y rindió tributo a la reina Isabel II en el tercer aniversario de su fallecimiento. Los medios británicos confirmaron que padre e hijo se reencontraron en Clarence House: el duque fue visto llegando en coche a la residencia real el miércoles 10 de septiembre a las 17:20 horas, tras un período en que el rey había dejado sin responder las llamadas y mensajes de su hijo, lo que otorgó simbolismo al esperado encuentro.
En mayo, Harry reconoció a BBC News su aspiración de lograr una “reconciliación”, aunque admitió que la publicación de sus memorias Spare ha complicado la comunicación. Los primeros contactos se retomaron en julio, cuando asesores del duque y un miembro clave del equipo del rey se reunieron para explorar salidas al distanciamiento. Una fuente citada por People calificó aquel paso como “positivo”.
El Daily Mail reveló que el reencuentro fue visto con expectativas de “deshielo” e, incluso, con la posibilidad de una participación parcial de Harry en la agenda oficial. Sin embargo, voces cercanas a Buckingham recalcaron: “No puede haber miembros a medias en la familia real trabajadora”. La monarquía, subrayan, descansa en la unidad entre Carlos y el príncipe Guillermo, sin espacio para un “modelo híbrido”.
El contraste con la reciente visita de Estado de Donald Trump reforzó esta visión. La presencia conjunta de Carlos, Camila, Guillermo y Kate Middleton fue presentada por la prensa británica como un triunfo diplomático y una demostración del “poder blando” de la monarquía en el escenario internacional.
Fuentes cercanas a Harry confirmaron que el duque accedió a una petición especial del rey: mantener un perfil bajo durante la visita de Trump, evitando compromisos públicos en esos días como gesto de buena voluntad. El expresidente estadounidense, sin embargo, ha insistido en que Harry “no es bienvenido en su país”, recordando los pasajes de sus memorias donde admitió consumo de drogas.
En Palacio persiste el recelo. Algunos cortesanos consideran que Harry intenta aprovechar la vulnerabilidad del monarca durante su tratamiento contra el cáncer para moldear la narrativa pública, lo que alimenta sospechas de tensiones con Guillermo. Pese al gesto del reencuentro, la posición oficial sigue firme: la decisión de la reina Isabel se mantiene, y no habrá medias tintas en el núcleo de la familia real.
