La guerra en Ucrania, que ya supera los tres años y medio de duración, se ha convertido en uno de los mayores desafíos para Naciones Unidas, revelando las divisiones globales y generando fatiga en países emergentes y en desarrollo, que han optado por la equidistancia o el silencio.
De un apoyo sólido a un desgaste progresivo
Tras la invasión rusa de febrero de 2022, la Asamblea General de la ONU mostró un respaldo abrumador a Kiev en sucesivas votaciones. Sin embargo, a partir de 2023 ese apoyo comenzó a diluirse, marcado por fracturas diplomáticas y el desvío de la atención internacional hacia Oriente Medio.
El giro más notorio se produjo este mismo año, cuando Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, sorprendió al alinearse con Rusia en una votación del Consejo de Seguridad, al tiempo que abrió conversaciones directas con Moscú para promover una tregua. Una mediación que, hasta ahora, no ha prosperado.
China, India y Rusia consolidan su eje
Mientras tanto, potencias como China e India han reforzado sus vínculos con Rusia. En la reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), ambas naciones, junto a Corea del Norte, rechazaron los intentos occidentales de aislar al presidente Vladimir Putin.
En paralelo, países de África y Latinoamérica mantienen una posición distante, al considerar que el conflicto no afecta directamente a sus intereses.
Acusaciones de “doble rasero”
Richard Gowan, analista del Crisis Group, explicó a EFE que muchos países del sur global ven con recelo el fuerte respaldo militar de la OTAN a Kiev, al considerar que prolonga la guerra. Otros critican la falta de firmeza europea en el caso de Palestina, lo que genera percepciones de “doble rasero” que afectan el apoyo a Ucrania.
“Muchos creen necesarias las aperturas de Trump hacia Rusia, pero temen un acuerdo que implique la entrega de territorios ucranianos, porque sentaría un precedente peligroso en otras disputas territoriales”, señaló Gowan.
Impacto en la ONU
La prolongación de la guerra ocurre además en un momento de dificultades financieras para la ONU, exacerbadas por la reducción del apoyo estadounidense a varias de sus agencias.
Un eventual acuerdo que valide la anexión de territorios contravendría la Carta de la ONU y podría alentar tensiones en otras regiones, como la disputa entre Venezuela y Guyana por el Esequibo.
