Este 11 de septiembre, como cada año, una brecha de luz solar cruzó el vestíbulo del Oculus Center, en el World Trade Center, diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava, en un tributo efímero a las víctimas de los atentados de 2001.
Conocido como “Wedge of Light” (Brecha de luz), el fenómeno ocurre a las 10:28 de la mañana, hora exacta en que se derrumbó la segunda torre del World Trade Center. La alineación del sol con el lucernario de 100 metros de largo, compuesto por más de 200 piezas de cristal, proyecta una franja de luz natural sobre los suelos de mármol blanco, evocando antiguos diseños egipcios y arquitecturas de iglesias históricas que utilizaban los movimientos solares en sus construcciones.
Desafíos técnicos del Oculus
Aunque la obra de Calatrava ha sido elogiada por su simbolismo, ha enfrentado problemas técnicos, como fallos en la goma aislante del tragaluz. Sin embargo, cada 11 de septiembre el efecto lumínico logra cumplirse, convirtiéndose en un momento de profundo recogimiento para los miles de visitantes que observan la luz rodeada por banderas estadounidenses.
Homenajes paralelos en la ciudad
El tributo solar del Oculus se complementa con otras expresiones de memoria en Nueva York. Cada año se enciende el haz de luz artificial que proyecta dos columnas luminosas hacia el cielo, visibles a más de 100 kilómetros de distancia. Asimismo, el Empire State Building se ilumina de azul, como símbolo de solidaridad y recuerdo global.
