Un avión charter de Korean Air partió este miércoles desde Seúl con destino a Atlanta para repatriar a más de 300 trabajadores surcoreanos detenidos durante redadas migratorias en el estado de Georgia, Estados Unidos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Sur confirmó que la operación podría retrasarse por “circunstancias estadounidenses” y aseguró que mantiene consultas directas con Washington para garantizar la salida segura y rápida de sus ciudadanos.
El operativo y la crisis diplomática
Los trabajadores fueron arrestados el 4 de septiembre durante un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en la planta de baterías de Hyundai Motor Group y LG Energy Solution, ubicada en Ellabell, a 40 kilómetros de Savannah.
Las imágenes difundidas por ICE, mostrando a los trabajadores esposados y encadenados, desataron indignación nacional en Corea del Sur. Políticos, empresarios y ciudadanos calificaron la situación como una afrenta a un aliado histórico de Estados Unidos.
“Realmente no es forma de tratar a tus amigos”, declaró Cho Hee-kyoung, profesor de derecho en la Universidad Hongik, recordando que Corea del Sur comprometió cientos de miles de millones de dólares en inversión para impulsar la producción de vehículos eléctricos en territorio estadounidense.
Negociaciones con Washington
El ministro de Asuntos Exteriores, Cho Hyun, viajó a Washington para sostener reuniones con el secretario de Estado, Marco Rubio, en la Casa Blanca. Las conversaciones buscan permitir que los trabajadores salgan del país bajo la figura de “salida voluntaria”, evitando procesos judiciales y sanciones migratorias.
Los principales medios surcoreanos reaccionaron con firmeza:
Chosun Ilbo pidió negociar cuotas especiales de visas laborales;
Hankyoreh denunció un “doble trato” hacia un socio estratégico;
Hankook Ilbo advirtió sobre el “riesgo Trump” para las inversiones.
Abogados defensores aseguraron que algunos detenidos contaban con permisos de trabajo válidos. Charles Kuck, representante de dos ingenieros, indicó que sus clientes tenían exenciones de visa y viajaron solo para asesorar temporalmente en la planta.
Impacto en las relaciones bilaterales
La crisis ha puesto a prueba la alianza estratégica entre Estados Unidos y Corea del Sur. En Seúl, el presidente Lee Jae Myung calificó las detenciones como “infracciones injustas a las actividades de nuestro pueblo y empresas” y exigió que no se repitan.
Corea del Sur recordó que mantiene 28,500 soldados estadounidenses en su territorio como parte de su alianza defensiva frente a Corea del Norte y pidió que la cooperación económica y militar se mantenga “basada en la confianza mutua”.
Mientras tanto, legisladores estadounidenses, como Young Kim, promueven una propuesta para crear visas E-4 destinadas a técnicos surcoreanos especializados en baterías y energía limpia, aunque la medida sigue estancada en el Congreso.
Lo que está en juego
La tensión aumenta en un contexto en que empresas surcoreanas como Hyundai y LG han invertido miles de millones de dólares en proyectos en Estados Unidos. Empresarios en Seúl advierten que, si la situación no se resuelve pronto, futuros planes de inversión podrían verse afectados.
El resultado de esta operación de repatriación y las negociaciones diplomáticas será clave para definir el futuro de las relaciones entre ambos países y su cooperación en sectores estratégicos como la energía y la industria automotriz.
