El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario ruso, Vladímir Putin, celebrarán este viernes en Alaska una cumbre histórica que busca explorar un posible acuerdo de paz para poner fin a la guerra en Ucrania. Sin embargo, analistas y expertos advierten que el encuentro podría convertirse en una maniobra política del Kremlin para ganar tiempo y evitar nuevas sanciones.
El asesor presidencial ruso para política internacional, Yuri Ushakov, confirmó que la agenda se centrará en “discutir las opciones de lograr un arreglo pacífico y duradero para la crisis ucraniana”, aunque fuentes independientes en Rusia temen que el presidente Putin intente “embaucar” a Trump, como consideran que ya ocurrió en la cumbre de 2018 en Helsinki.
Un formato con ecos de la Guerra Fría
El Kremlin ha promovido una cumbre bilateral similar a las reuniones entre la Unión Soviética y Estados Unidos en la década de 1980, cuando Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan negociaron importantes acuerdos de desarme. Moscú destacó la elección de Alaska como sede, por la cercanía geográfica entre ambos países a través del estrecho de Béring, y ya extendió una invitación para que el próximo encuentro se realice en territorio ruso.
Exigencias de Moscú
Fuentes cercanas a las negociaciones señalan que los objetivos rusos incluyen el reconocimiento de la anexión de cinco regiones ucranianas, la neutralidad y desmilitarización de Ucrania, el cese de la ayuda militar occidental a Kiev y la celebración de nuevas elecciones que sustituyan al presidente Volodímir Zelenski.
Putin insiste en que el conflicto es un “asunto interno ruso” y que la presión debe ejercerse sobre Occidente para que persuada a Ucrania de aceptar sus condiciones.
Posiciones en Washington y Kiev
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, afirmó que Washington comprende ahora “bajo qué condiciones Rusia estaría dispuesta a poner fin a la guerra”, señalando que ambas partes deberán hacer concesiones territoriales. Trump, por su parte, sugirió la posibilidad de intercambios de territorio, una opción que el presidente Zelenski rechazó categóricamente, recordando que la Constitución de Ucrania prohíbe ceder soberanía sobre su territorio.
Preparativos para una guerra prolongada
Pese a los acercamientos diplomáticos, Rusia continúa reforzando su aparato militar, acelerando el reclutamiento y aumentando la producción de misiles y drones, en lo que analistas interpretan como una estrategia para sostener una guerra de desgaste en caso de que las negociaciones fracasen.
La cumbre de Alaska se presenta como un momento decisivo, pero con profundas incertidumbres sobre su capacidad para lograr un alto el fuego real en Ucrania o si será, como temen los críticos, un movimiento táctico más en el tablero geopolítico.
