Por Luis Hernández | Opinión
En muchos hogares latinos, y no me excluyo, se ha crecido con la idea de que pelear es normal, que “así son los matrimonios”. Que si no hay discusiones, “algo raro está pasando”. Pero… ¿qué tan normal es vivir a gritos? ¿Qué pasa cuando el hogar deja de ser un refugio y se convierte en un campo de batalla?
Como periodista y alguien que ha estudiado la Torá —la ley sagrada del judaísmo— te puedo decir algo con toda claridad: las peleas constantes en el matrimonio no solo hacen daño… pueden traer ruina total. Ruina emocional, espiritual y, sí, muchas veces también económica.
🔥 Cuando el amor se convierte en fuego que consume
La Torá enseña que el hombre y la mujer, al casarse, se convierten en “una sola carne” (Génesis 2:24). No se trata solo de vivir bajo el mismo techo, sino de caminar juntos como uno solo. Cuando las peleas se vuelven parte del día a día, esa unidad se rompe. Y con ella, todo lo demás empieza a quebrarse.
El Talmud —una especie de enciclopedia de sabiduría judía— dice algo muy fuerte:
“Cuando hay paz en el hogar, la presencia de Dios está ahí. Pero si hay pleito constante, ese hogar se consume como por fuego.” (Sotá 17a)
¿Y sabes qué es lo más duro? Que muchas veces ese fuego no es visible desde fuera. Nadie ve los silencios llenos de rabia, los comentarios que hieren, el cansancio emocional. Pero el fuego está ahí… quemando todo.
No todo lo que duele es amor
En América Latina, especialmente en el Caribe, hemos romantizado el drama. Pensamos que los celos son amor, que gritarse es pasión, que discutir todos los días es señal de que “hay chispa”. Pero eso no es chispa. Es gasolina.
El profeta Malaquías (2:16) escribió que Dios odia el divorcio, pero más aún aborrece la violencia dentro del hogar. Y la violencia no siempre es un golpe. A veces es una palabra, un tono, una indiferencia.
🕯️ La paz vale más que tener razón
Uno de los sabios más grandes del judaísmo, Maimónides, escribió que el hombre debe honrar y cuidar a su esposa más que a sí mismo, y amarla como a su alma. ¿Te imaginas cuántos problemas se evitarían si aplicáramos esa frase?
Y aquí viene algo que a mí, personalmente, me marcó: en el judaísmo, incluso se permite borrar el nombre de Dios (algo que normalmente está prohibido) con tal de restaurar la paz entre un hombre y una mujer. Porque para Dios, la paz en el hogar está por encima de todo.
¿Se puede restaurar lo roto?
Claro que sí. La Torá no exige perfección, pero sí pide compromiso. No se trata de nunca discutir, sino de no quedarse a vivir en la pelea. De aprender a hablar sin humillar. De pedir perdón sin orgullo. De elegir el amor por encima del ego.
Nuestros hogares latinos, tan llenos de vida y corazón, merecen algo mejor que el pleito diario. Merecen paz, respeto y ternura. Y eso no se logra solo con consejos de pareja, sino con humildad y una visión más profunda de lo que realmente es el matrimonio.
Porque al final del día, no es más fuerte el que grita más… sino el que elige construir en vez de destruir.
Luis Hernández
Periodista y estudioso de la cultura judía
lhernandez@latoradigital.com
